LA TRISTEZA QUE LLEGA
Me ha llegado la tristeza
y el cuerpo que me tiene
no está muerto ni vaga por las calles
de la ciudad que vivo.
Me aletea el alma y la tinta escribe
las palabras.
La soledad total no me ha llegado.
Tengo el suspiro que no se ha ido
definitivamente;
como si el sentimiento tuviera otras
raíces o los histriones no hubieran
terminado la farsa.
Como si en una grieta de lo roto
quedara un moho de esperanza guardado.
Como si lo pasado no quisiera ver
muerto el último aliento que le queda.
Y esperara, contra toda esperanza,
palomas en la brisa.
(Celina de Sampedro, de El canto de otoño)